Sin muelas y sin mi abuela
Por fin cumplí una de las metas que tenía hace al menos unos tres años: me saqué las muelas del juicio. } Los días anteriores no había estado nerviosa para nada porque estaba viviendo en mi propio mundo. Sin embargo, al momento de entrar en ese pequeño pabellón mi corazón empezó a latir fuerte y me sentía tiritar, como si tuviera que leer un discurso frente a millones de personas que están atentas a ti. Me senté en esa silla de dentista, luego la asistente me puso los trajes color celeste y recogí mi pelo en la gorra para preparar el área de la pequeña intervención. Cuando llegó el dentista sentí mi corazón latir nuevamente. Me cubrieron la cara y mis lágrimas ya no pudieron aguantar más y empezaron a rodar por mis mejillas. Nadie me veía, pero es como si con esa manta con la que me cubrieron el rostro hubiesen podido por fin levantar un velo que no me dejaba llorar. Suspiraba cansada a medida que avanzaba el procedimiento porque sin darme cuenta había apretado mis manos y m...