De nada a poco en minutos

"Me gustaría saberlo todo para no sentirme inferior a nadie, para sentir que no debo pedir disculpas por pensar ciertas cosas, para ser libre en mi propia mente, para tener la capacidad de entender y aplicar que lo que soy está bien, pero al mismo tiempo me gustaría que me dejara de gustar el rosado, de ser tan "niña" porque las niñas somos débiles, porque que una niña que usa vestido significa que es menos que todos y que no puede jugar, porque a las niñas que les gusta jugar con barbies no tienen imaginación, porque para ser alguien hay que ser un hombre; me gustaría ser hombre para que no me gustara el pop lastimero cortavenas no puedo vivir sin ti porque obvio que las niñas no saben diferenciar las cosas, me gustaría ser más inteligente, que me guste más leer y ser intelectual porque así podría dejar de ser tan tonta. Me gustaría dejar de ser tan llorona, porque no es que te guste liberar el alma para después arreglar los errores, sino que solo te gusta llorar sobre la leche derramada.
¿Por qué siempre me siento atacada? A veces siento la necesidad de defenderme pero no puedo, se me agotan las fuerzas, prefiero que me entren las balas a ya tratar de bloquearlas. Pero hay otra forma: dejar que esas balas te importen, asumir lo que eres porque ser la típica mujer también está bien, que te guste el rosado también lo está, que te guste el maquillaje, el arte y no la ciencia con números, la música que no deja un gran mensaje a la humanidad y que solo habla de amor, porque ser gorda, alta, fea y con una piel horrible también está bien."

Cuando terminó su monólogo se sintió bien. Aparte, no era el típico discurso dador de pena que siempre se había repetido en su vida desde que tenía memoria porque al final eso es lo que le habían enseñado. Ojalá fuera más fácil desaprender tantos años de odio gratuito, porque odiar es más fácil que amar. Amar es difícil, y cuando vio a esa pequeña niña que le recordaba a ella cuando era chica, con una muñeca, con música que la gente creó para ella pero que luego criticaba por escucharla, con ese pelo castaño oscuro casi negro, esos grandes cachetes que hacían juego con su gran tamaño para una niña como ella, todo ese conocimiento, todas esas vivencias deseó pasarselas a la niña en forma de libro, pero seria muy difícil para ella, así que la saludó tímida en un principio porque a pesar de ser casi una mujer aún le daba cosa saludar a otras personas, sobre todo si eran más pequeños que ella. Para su suerte la niña se dio vuelta a mirarla en esa banquita de la plaza que tenía un columpio y un poco de pasto y la saludó con una sonrisa tierna. Ahora no sabía qué decirle. Todo ese discurso bonito, todo ese verano pensando había quedado borrado al ver a esa pequeña niña. Se acordó de la única serie que la ha representado en la vida casi fielmente exceptuando el hecho de que ella nunca había tenido pareja hasta el momento. ¿Si hubiera algo que le dijeras a tu yo de chica, que sería? Qué era esto, se dijo, ya parece libro de autoayuda y le preguntó cómo estaba y qué es lo que tenía en ese papel que estaba entre sus manos.

-Un dibujo, ¿le gusta?

"¿Me dijo "le"?" fue todo lo que pudo pensar, pero se fue rápido de esa línea de pensamiento porque la niña era importante aquí.  Le dijo que sí, que estaba bonito y era verdad, a lo que además agregó que era muy bueno y que si le gustaba dibujar. Al responder la niña afirmativamente la mujer le preguntó sobre qué más le gustaba hacer, si le gustaba ir al colegio y que era lo que habia hecho durante las vacaciones. La niña estaba contando sus anécdotas muy feliz y sentía envidia de la alegría y ganas de vivir nuevas experiencias que tenía la niña.

-Quisiera ser cómo tú- le dijo la mujer un poco sin pensarlo.
-¿Por qué?
-Porque quiero pasarlo bien como tú- a lo que la mujer sonrió.

La niña por otro lado dejó el dibujo en su regazo y puso sus manos en la cara en actitud de pensar.

-Lo que yo siempre hago es... no sé lo que hago- y se rió con ganas y dijo perdón, pero no debía sentirlo.

La mujer le dijo que lo que ella hacia era que se levantaba y tenía ganas de hacer cosas, a lo que la niña asintió con la cabeza.

Quería decirle tantas cosas a la niña pero solo se le ocurrió decirle que siguiera dibujando, a lo que la niña le respondió que eso haría llegando a la casa después de comer porque tenía hambre.

Ambas se despidieron y vio como la mamá de la niña se la llevaba de la mano a lo que creía era donde estaba la casa de la niña.

Ella hizo lo mismo y pagó la micro camino a su casa. Se sentó y cerró los ojos esperando que al despertar la alegría que le había irradiado la niña siguiera ahí casi intacta como en ese momento. Quería dejar de odiar todo lo que hacia y empezar a quererlo de a poco. Y pensando en eso se quedó dormida.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

dos una dos una