Frutillas con Chocolate

Jean se encontraba en la mesa de su departamento terminando de comer cuando Marco abri贸 la puerta. Estaba cansado, pero feliz de poder llegar a casa luego de un largo d铆a en la oficina. Jean al parecer se encontraba ensimismado en la televisi贸n porque no se dio cuenta de que Marco hab铆a entrado a la casa hasta que le dio un beso en la mejilla.

-¡Me asustaste!- dijo Jean, a lo que el hombre de pecas solo pudo soltar una peque帽a risa.
-¿Tan feo estoy acaso?- pregunt贸 Marco, mitad ofendido mitad en broma.

Jean solo pudo re铆rse un poco y se par贸 a darle un beso en los labios a Marco. Luego de esto Marco se dirigi贸 a su pieza para cambiarse de ropa y a ponerse algo m谩s abrigador ya que ven铆a con fr铆o luego de caminar desde la estaci贸n de metro hac铆a su casa. Cuando regres贸 al comedor se encontr贸 a Jean comiendo frutillas. Iba a sentarse en el sof谩 pero decidi贸 sentarse al lado de su novio a ver una pel铆cula que daban en el cable a esas horas de la tarde. No sinti贸 cuando Jean se par贸 de su asiento para dirigirse al refrigerador y sentarse de nuevo. Lo que si sinti贸 fue el ruido de Jean lami茅ndose sus dedos. Ah铆 fue cuando dirigi贸 su mirada al otro y vio toda la escena: Jean hab铆a sacado su salsa de chocolate para comerse las frutillas, le echaba la salsa a cada frutilla que se iba comiendo, a veces poco, a veces mucho, y al parecer justo cuando lo miro le ech贸 mucho porque se meti贸 la fruta y sus dedos quedaron llenos de chocolate, por lo que los lam铆a, dejando a su paso sus labios llenos con la salsa. Ya no pod铆a parar de verlo y lo mejor es que el otro no se hab铆a percatado del espectaculo que te estaba dando al pelinegro.

Por su parte Jean estaba concentrado viendo esa comedia rom谩ntica, y es que a decir verdad, siempre hab铆a tenido una debilidad por ellas y solo pod铆a culpar de eso a su hermana, y de la nada de hab铆a dado el antojo de comer frutillas con chocolate. Marco estaba viendo muy interesado su celular y mentir铆a si no pens贸 en hacer un espect谩culo sexy para el pecozo, pero ya que el celular parec铆a m谩s irresistible que 茅l continu贸 haciendo lo suyo hasta que no pudo dejar de sentir la mirada atenta de Marco mientras se lam铆a sus dedos.

-¿Qu茅?- pregunt贸 Jean a lo que Marco solo pudo pesta帽ear. Estaba rojo, muy rojo y pod铆s notar como se acomodaba en su asiento. -¿Qu茅 te pasa?
-¿Ah?- hizo Marco, mientras tontamente intentaba mirar hac铆a la televisi贸n. -Nada, yo solo...- y no pudo articular m谩s palabras porque lo siguiente que vieron sus ojos fue como Jean le echaba mucho chocolate a una frutilla y se la met铆a sugerentemente a la boca mientras lo miraba intensamente.

Marco solo pudo reaccionar a taparse la cara con una de sus manos mientras sent铆a como Jean se acercaba y pod铆a una mano en su pierna, dejando su piel marcada por el calor que emanaba el cuerpo de Jean. De a poco sent铆a como sus mejillas estaban cada vez m谩s roja y como cierta parte de su cuerpo empezaba a responder tambi茅n. Mentir铆a si dijera que solo pens贸 en conejitos bailando en el pasto mientras miraba a Jean comer, ya que lo que en verdad imagin贸 era dos conejitos...

-Estan mmm... las frutillas est谩n super ricas, con chocolate, est谩n heladas y mmm- dec铆a Jean mientras masajeaba la pierna de Marco y con la otra com铆a otra frutilla.
-Eres un mal hombre, ¿lo sab铆as?- fue lo 煤nico que sali贸 de la boca de Marco mientras se acercaba a Jean, hasta encontrarse con el rostro de su amante, con su cara, y los ojos de Jean que lo miraban con picard铆a y muy traviesamente, sabiendo exactamente lo que provocaba en Marco todo este jueguito.

Lo siguiente que supo Jean es que Marco se estaba acercando a 茅l, tom谩ndole su mano libre y acerc谩ndola a su boca, saboriando los dedos que a pesar de ya no tener chocolate, ten铆an a la escencia de este; mientras hac铆a esto procuraba de mirar a los ojos al pelicasta帽o, lo que le hizo ver que al igual que 茅l sent铆a, Jean ten铆a las mejillas muy coloradas y sus ojos llegaban a tiritar de deseo, por lo que no soport贸 m谩s y tom谩ndole la cara a su amante le empez贸 a saborear los labios, primero el de arriba, luego el de abajo, para luego seguir con ambos al mismo tiempo. Con esto pod铆a sentir como el cuerpo de Jean temblaba al sentir a su amante; no es que nunca lo hubiera sentido as铆, pero las sensaciones estaban exacervadas en estos momentos, por lo que solo se dej贸 gu铆ar por el pelinegro.

As铆 es como luego sus bocas se fund铆an en apasionados besos, sus lenguas chocaban y acariciaban a la vez todo a su paso, sus labios, sus cuellos, hasta llegar a cada rinc贸n de sus cuerpos.
Esa noche fue larga y muy entretenida para los dos, quienes al ver el alba no sab铆an si hab铆an descansado o m谩s bien se hab铆an cansado de todo lo que hab铆an hecho.

Marco lleg贸 a su oficina y Jean al colegio a hacer clases, ri茅ndose mucho en la ma帽ana y siendo muy felices, si hasta los alumnos encontraban que el profesor Jean andaba de mejor humor que otros d铆as al momento de ense帽ar historia. Por otro lado Marco tambi茅n estaba feliz y hasta se r铆o cuando vio que el postre de ese d铆a en la cafeter铆a de la empresa eran frutillas.

Claramente las frutillas y el chocolate no volver铆an a significar lo mismo ni para Marco ni para Jean.

Comentarios

Entradas m谩s populares de este blog

dos una dos una